Los autobuses híbridos son una de las posibles soluciones para reducir la contaminación urbana. Así lo entienden al menos en localidades como Nueva York, Londres, Beijing, Barcelona o Madrid, donde forman parte de sus flotas de transporte público. Multinacionales como General Motors y nuevas empresas especializadas en esta tecnología, como la compostelana Castrosúa, se disputan este mercado en auge. Sus defensores sostienen que reducen la contaminación, el ruido y el gasto en combustible frente a los convencionales, al combinar un motor de combustión y un sistema de propulsión eléctrico. Pero también son más caros: 300.000 euros, 50.000 euros más que un autobús normal.
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